La psicología analítica nos enseña que el encuentro terapéutico es una combinación de dos sistemas psíquicos.

Una clínica responsable reconoce que el terapeuta no es un observador neutral, sino un participante activo cuyo mundo interno debe estar constantemente revisado.

La supervisión es el imperativo ético que transforma el oficio en una profesión de alto estándar. Es el espacio donde el clínico se permite ser observado por un "tercer ojo" para garantizar que el proceso del paciente avance con integridad, claridad y seguridad.

Supervisar es, en última instancia, un acto de cuidado hacia el paciente y de protección hacia la propia salud mental del terapeuta.